martes, agosto 07, 2007

Testimonio de vida nueva (2da. Parte)


En ese entonces yo pensaba que quizás sería bueno “regresar al origen”, regresar justo al punto donde comenzó todo esto, pensé que mi “raíz religiosa” era el Catolicismo; después de todo, tal vez esta mujer tan “docta” en el catolicismo podría ayudarme a encontrar a Dios y a la Fe verdadera.

En verdad en mi corazón yo sentía que lo correcto era regresar al origen, algo dentro de mi me empujaba hacia el principio. Lo que ocurría es que yo pensaba que eso significaba volver a la religión de la familia. Estaba errando de nuevo, Dios me hablaba y yo no entendía y, aunque Él permitió que yo fuera por ese camino la verdad es que me tenía preparada una grata sorpresa.

Comencé a ir a comer con esta señora y a hacerle las mismas preguntas de la Doctrina Católica que cuando era niña:
¿Por qué tengo que temerle a Dios si Dios es amor?
¿Por qué obligadamente tengo que confesarme y creer que un hombre puede perdonarme mis pecados en nombre de Dios y si eso de rezar la penitencia era suficiente para quedar limpia?
¿Por qué una mujer divorciada está destituida de la gracia de Dios, en pecado mortal y condenada al infierno?
¿Por qué tengo que respetar al Papa y obedecerle sin cuestionar si lo que hace o dice está mal y por qué se dice que el es el representante de Cristo aquí en la tierra si Cristo es un Dios Vivo no muerto?
¿Por qué la adoración a los Santos y eso de que tanto los Santos como la Virgen interceden por nosotros ante Dios si Cristo vino a redimirnos?
¿Por qué usar como protección medallitas, escapularios, estampitas y tantas cosas?


Aunque yo venía ciertamente “adorando” muchas cosas como velas, cuarzos, cartas y mantras (rezos en sánscrito, que por cierto no estoy segura de lo que querían decir) que decía en mis meditaciones, haber vivido tan de cerca el esoterismo me había hecho caer en la cuenta que todo eso resulta inútil. Ni los símbolos, ni los ídolos, ni los objetos de nuestra adoración son más grandes, ni más fuertes que el poder de Dios.

Esta mujer me explicó, entre otras cosas que el Catolicismo se basa en la Biblia y la “Tradición”, que no es idolatría lo que hay hacia los santos sino que simplemente se les venera y adora como intercesores entre nosotros y Dios pero que Dios tiene supremacía sobre todos ellos y que la Virgen María no había muerto sino que ascendió a los cielos elevada por ángeles siendo la madre de todos nosotros. Le pregunté que en qué parte de la Biblia decía eso porque un evento así de importante no podría pasar inadvertido por los apóstoles –nunca me contestó y yo al día de hoy tampoco he encontrado nada al respecto en la Biblia-.

Hasta ahí las cosas no iban tan mal, aunque yo no me sentía atraída a cargar ninguna estampita o adorar algún santo, ni tampoco a la Virgen María, aunque siempre ha sido y será para mi un gran ejemplo de fe, entrega y de vida para con Dios; aunque sí llegué a rezar el rosario algunas veces, yo me seguía sintiendo vacía.

Me invitó a abrir una “Casita de Oración” en mi casa, donde tenía que ser guiada por una serie de libros con el debido “imprimatur” del Vaticano, escritos por una tal “Catalina” que es considerada y respaldada por el Vaticano como una “mística” que supuestamente recibe mensajes de Cristo y de la Virgen.

Empecé a leer los libros en cuestión y la verdad es que me sentí la mujer más miserable de la tierra, creí que francamente resultaba imposible ser una Santa y no entendía cómo es que Dios siendo todopoderoso y perfecto me había hecho imperfecta para luego condenarme porque no soy perfecta. Me sentí literalmente condenada si no al infierno, a pasarme una larga temporada en el purgatorio.

La Señora de la que hablo, mi compañera de trabajo, me habló de varios ritos para mantenerme pura, habló de estar en oración frente al Altísimo que es una hostia puesta en un artefacto de oro y que representa a Dios, me habló del estricto ayuno y de la oración, que es rezar y rezar y rezar…

Llegó un momento en que me decía cómo debía vestirme y hasta cuándo y cómo debía hablar. Me metió en problemas y rumores en mi trabajo y yo, verdaderamente creía que me apreciaba pues cada vez que le reclamaba lo que me estaba haciendo, se ponía a hablarme de Dios, de que lo hacía por mi bien y que me había adoptado como hija espiritual y que me quería. Cantidad de veces me dijo que si me trataba con menosprecio era por mi bien, para que aprendiera a ser paciente, humilde y obediente, que eran lecciones que aunque dolorosas me ayudarían a ser fuerte. Yo acataba lo que me decía aunque tenía muchas dudas.

Una vez le comenté que eso de que la gente fuera hincada desde afuera de las iglesias hasta el atrio o altar como sacrificio a Dios se me hacia tonto y que yo no creía que eso le agradara a Dios porque la gente que hace eso está lastimando su cuerpo; que yo creía más es eso de “darle agua al sediento”.

Me contestó que a Dios sí le agrada eso y que también la caridad y que incluso la virgen María intercede por nosotros con sus rodillas sangrantes y que eso es del agrado de Dios. Que hay que orar y tratar de mantenerse puros porque nadie o casi nadie orará por nosotros estando en el purgatorio, que por eso la confesión es muy importante y que es necesario por nuestro estado de pecado. Que los Santos, estando ya en el cielo, ofenden a Dios en promedio 7 veces al día, que nosotros mucho más y que tenemos que temer a Dios porque el día de nuestro juicio si bien nos va, nos iremos al purgatorio.

Espero no se me tome a mal lo que acabo de relatar. Hoy sé que esta mujer esté enceguecida y no conoce el verdadero amor de Dios. Creo que ella fielmente cree que está en lo correcto, que con confesarse ante un sacerdote y hacer su acto de contrición todos los días está cumpliendo. Que por momentos se siente con el poder de “levantar la espada y juzgar”.

Creo que la fe que profesa es más por condicionamiento de los ritos y costumbres que por un verdadero conocimiento de Dios.

A la par de esta situación se mudó al edificio donde vivo una joven cristiana, lo supe porque traía colgada al cuello una medalla con un pescadito, con el “icthus”, símbolo cristiano. Cuando la conocí y le pregunté que sí era cristiana y me contestó que sí, literalmente, dije “¡Qué buena onda! Y es que unos días antes de esto, en las escaleras del edificio donde trabajaba me abordó un cristiano para compartirme la palabra y semanas atrás me subí a un taxi cuyo chofer era cristiano y también me había compartido la palabra.

A esas alturas, comencé a pensar que quizás Dios me estaba mandando una señal, hasta llegué a comer a una fonda que era de unas damitas cristianas donde tenían cantos de alabanza y casi me pongo a llorar al escucharlas.

Yo seguía impresionada y aterrorizada con lo que me decía mi compañera de trabajo…

Empecé a frecuentar a mi vecina que siempre me recibía en su departamento con una sonrisa, algo de deliciosa comida y café, mate (que me encanta) o té para platicar. Le comenté que yo era “ecuménica” y ella comenzó a hablarme de Cristo…

Una vez llegué a su casa y estaba ahí uno de sus pastores con su familia; fui invitada a comer, me uní a ellos en oración por los alimentos y comenté a contarles lo que me decía mi compañera de trabajo y les comenté que yo no podía creer que Dios fuera así. Hablamos de Cristo y me dijeron que orarían por mí.

Era reconfortante saber que alguien estaba orando por mí y mi vecina frecuentemente me comentaba que seguía en oración y al pendiente de lo que acontecía en mi vida. Nos estábamos haciendo amigas y ella me invitaba a asistir a su iglesia con frecuencia.

Una noche, cuando salía del trabajo, después de escuchar a mi compañera de trabajo, me retumbaban sus palabras acerca de Dios en la cabeza. Estaba desesperada, enojada, decepcionada y asustada; iba conduciendo mi auto, me hice a un lado de la calle, pare el coche y con toda la franqueza de mi corazón le hablé a Dios con un tono fuerte de voz y le dije: “Tú no puedes ser así, eso no es amor, eso no eres Tú; y si es así, ven y dímelo, te reto a que me lo digas, a que me lo hagas saber. Si no es así, te pido que me muestres el camino hacia Ti, que me abraces y abras mi corazón. Necesito Reencontrarte.”

Creo que fue un par de días después de eso que fui con mi vecina, Maritha, hoy mi hermana, mi amiga y consejera, y le dije que ya no podía más, que necesitaba un psicólogo, que ya no sabía que estaba bien o que estaba mal, que yo sabía que Dios no nos manda pruebas que sabe que no podemos resistir pero que yo ya necesitaba ayuda.

Recuerdo muy bien sus palabras porque generaron un impacto tremendo en mi vida; me dijo: “Sabes, a veces pienso que no siempre Dios nos manda pruebas que podemos resistir, ¿no te has puesto a pensar que quizás Dios te esté permitiendo vivir esto para que te rindas y le busques?”

Me puso a pensar y reflexionar seriamente…

Me habló del amor de Jesús, de que la salvación es por fe, por la gracia (regalo) de Dios y no por las obras que hagamos. Me habló de su amor y de su misericordia, de su perdón y de cómo Jesús entregó su vida por amor a mi.

Me invitó a abrir mi corazón a Cristo y juntas hicimos la oración, me dijo que mi nombre, en ese momento, había sido escrito en el libro de la vida y que los ángeles del cielo estaban haciendo una fiesta por haber aceptado a Cristo, que ya era hija de Dios y que podía dormir tranquila porque si moría, tenía la seguridad de ir al cielo.

Esa noche fue de inmensa paz en mi vida, en ese instante deje de sentirme sola; desde el 10 de Octubre de 2005, no sé lo que es sentirme sola como antes, y claro ¡Si volví a nacer, nací a una nueva vida, vida en Cristo Jesús!

Le conté todo a mi mejor amiga, Dulce, quien vivía en el mismo edificio; ella me contó que era cristiana pero que se había alejado de la Iglesia y que hace años no se congregaba.

Al siguiente fin de semana, llegué a la Iglesia donde se congregaba Maritha; hoy mi Iglesia, mi casa y mi familia en Cristo.

Dios usa mucho el sentido del humor, yo en desesperación le pedí que me mostrara el camino y mi Iglesia se llama “El Camino”, por si quedaba alguna duda. ¡Qué Diosidencia! ¿no?

Desde ese día hasta hoy, sigo en Cristo, es la mejor decisión de mi vida. Dios me ha moldeado, he aprendido a tener una relación personal con Él. Sé de su amor, de su justicia, de su disciplina (Dios no castiga a sus hijos), del temor a Dios que tiene un significado de profundo respeto a Él; nuestro Padre no castiga por placer, disciplina por amor, hoy lo sé.

No han desaparecido los problemas de mi vida, pero sí ha cambiado la perspectiva con la que los veo y pido a Dios que me guíe a través de su palabra y del Espíritu Santo que mora en mí.

Finalmente sí se trataba de regresar al comienzo, al principio, a Jesús, porque todo esto comenzó con la promesa de buscarlo y Él no lo olvidó nunca y cumplió y me hizo cumplir mi promesa, en realidad Él me buscó a mi y el me escogió desde siempre.

Tengo su amor y el de mi familia en Cristo, he tenido momentos de prueba, he sido terca en algunos aspectos, cometo errores y he hecho cosas que no son de su agrado y siempre, siempre, Él está ahí, moldeándome, disciplinándome, enseñándome, reconfortándome, acompañándome y sobretodo, amándome.

Yo le amo también con todo mi corazón y con todas mis fuerzas, con mis preguntas y mis rebeldías de a ratos, con humildad cuando me reprende, con mi autenticidad, mis ocurrencias, mi llanto, mi risa, mis gozos y mis tristezas, mis tropiezos y aciertos que son de Él porque mi vida no es mía, es de Él, a Cristo le pertenece, soy en Cristo, sin Él nada soy y Él sabe que mi corazón brincaría de gozo, de alabanza y de amor en la alegría de saber que Él pueda usar este testimonio para llegar a tu corazón.


Dios abra tu corazón y lo llene de bendiciones en su amor y misericordia siempre.


“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad”
No retuvo para siempre su enojo porque se deleita en misericordia.
Él volverá a tener misericordia de nosotros, sepultará nuestras iniquidades y echará en lo profundo del mar todas nuestra iniquidades”

Miqueas 7: 18-19